La primera vez que soplé mi primera vela de cumpleaños no sabía lo que significaba. Esperaba a que alguien dijera que ya podía empezar antes de que la cera cayera sobre el chocolate. Entonces cumplir años era exactamente eso: una vela, un deseo rápido y la promesa de más tarta.
Ahora sé que cumplir años es mucho más que un trozo de pastel. Aun así, despertar ese día me sigue provocando la misma ilusión que cuando era niña. Me da permiso para soñar un poco más alto, aunque solo dure veinticuatro horas. Durante ese tiempo todo parece posible, incluso aquello que todavía no puedo imaginar.
Crecer es transformarse: intentar, fallar, volver a empezar. Soltar lo que ya no encaja y aprender a cambiar de piel, como hacen las serpientes. Vivir en una dualidad constante: fragilidad y fortaleza, veneno y antídoto, tentación y prudencia, orden y caos al mismo tiempo. Una contradicción permanente que llevo tatuada en mi piel.
Crecer es aprender a habitar nuestras contradicciones.
Porque crecer no es elegir solo una parte de nosotros, sino aprender a convivir con todas. Mostrar las heridas, aceptar nuestra fragilidad consustancial. Una idea que el artista Joseph Beuys expresó en su célebre Zeige deine Wunde (Muestra tu herida): entender la herida no solo como daño, sino como el lugar donde conviven la vulnerabilidad, la metamorfosis y la curación. Una intuición que también atravesaba el universo creativo de David Delfín, donde el cuerpo y la emoción aparecían expuestos sin defensa y se convertían en materia visible, en una forma de verdad.
No basta con enseñar el mejor lado. También hay que aceptar aquello que duele, lo que nos quiebra y nos obliga a mudar de piel.
Cumplir años, al final, no consiste solo en sumar tiempo. También es conservar intacta esa ilusión de celebrar con medias lunas de nocilla y mezclas imposibles de Coca-Cola con Fanta. Hoy, quizá, con un vodkita y un buen restaurante. Pero, en el fondo, todo sigue igual. Cambian los escenarios, cambian los planes, cambian las prioridades. Lo que permanece es la emoción de un regalo inesperado o la del primer mensaje que llega justo cuando el reloj marca la medianoche.
Quizás crecer consista precisamente en eso: aprender a mostrar la herida… y seguir queriendo un poco más de tarta.
Yes.
