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12. Cosas que me gustan de Nueva York. Y lo contrario.

Cosas que me gustan:

El Frozen Hot Chocolate del Serendipity, cruzar el puente de Brooklyn, despertarme a las seis y media de la mañana y salir a la calle a pasear con un café, doblar cualquier esquina y encontrarme con el Empire State, tomar algo en el West Village, los diners que parecen sacados de un cuadro de Hopper, ir por la ciudad agarrada del brazo de mi hermana —que en Nueva York es una forma bastante razonable de no perderse de todo—, ver a la ciudad anochecer desde el Summit, visitar el MoMA por tercera vez, el hotel Chelsea y pensar en Bob Dylan o Jimi Hendrix, pasear por el Upper East Side en domingo, descubrir tiendas en el Greenwich Village, el 90 de Bedford Street, los edificios del SoHo cuando cae la tarde, los portales con toldo, la presencia de la arquitectura como forma de relato, imaginarme la vida de The Factory y Studio 54, las videollamadas para hacer que Nueva york llegara, aunque fuera por un rato, a otra ciudad y a otra vida.

Cosas que no me gustan:

Las colas de los museos, los días de lluvia que obligan a cambiar todos los planes, caminar por Broadway con mucha gente, las falsificaciones, el toro de Wall Street, irme y sentir que me he dejado cosas por hacer, los andamios tapando edificios maravillosos, Chinatown, los nuevos rascacielos, aceptar que todo allí dura demasiado poco o demasiado rápido, la suciedad de muchas de sus calles, los precios exagerados, la desigualdad visible que convierte la belleza en algo incomodo, los semáforos en rojo, la Trump Tower, las habitaciones minúsculas de los hoteles, el jet lag de la primera noche, el espectáculo de Times Square, el exceso de estímulo que a veces impide la contemplación, elegir que hacer porque en Nueva York siempre parece que, hagas lo que hagas, te estás perdiendo otra cosa.

Cosas que me gustan:

Leer Caperucita en Manhattan, tomar el brunch en Sarabeth´s, coger el ferry a State Island, subir al Top of the Rock, el edificio Seagram de Mies van der Rohe, la tienda de Prada, desayunar en Pastis, los postres de Sant Ambroeus, la manera en que la ciudad parece escrita por Paul Auster, Truman Capote o Susan Sontag,  el Chrysler Building apareciendo sin avisar entre dos avenidas, Greene St, pasear por The High Line, las hamburguesas del PJ Clarkes, sentarme en las escaleras del MET, el café de Fabrique, las fachadas de hierro del Lower East Side, el edificio de la portada de Physical Graffiti de Led Zeppelin, el ruido cuando no me molesta, cuando se convierte en una especie de compañía, el Ladies Pavillon de Central Park, Gramercy Park y el Flatiron, la escenografía de Little Italy, los huevos Benedict de The Odeon, el Guggenheim como una espiral blanca en mitad de la ciudad, su energía inagotable, perderme sin miedo porque aquí perderse también es una forma de encontrarse.

Cosas que no me gustan: que Nueva York me enseñe demasiado rápido a echarla de menos.

Cosas que me gustan: lo mejor de Nueva York no solo lo que enseña, sino la manera en que obliga a mirar: hacia arriba, hacia los lados, hacia dentro. Nueva York me gusta incluso cuando me agota, y quizás por eso me cuesta tanto despedirme de ella. Porque Nueva York no solo una ciudad: es una acumulación de deseos, de escenas, de planes pendientes y de versiones de una misma vida que me imagino mientras la recorro. Nueva York no se vista del todo; se ensaya. Por eso, cuando me voy, no siento que dejo atrás calles, museos o avenidas, sino una posibilidad de mi misma que se queda allí, caminando todavía, pidiendo un café a las 7.00 am, como si la ciudad pudiera seguir viviendo por mi hasta que vuelva.

 

Puedes seguir leyendo otras listas de cosas que me gustan y lo contrario en:

7. Cosas que me gustan (y lo contrario)


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