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13. Salir del piloto automático. Y el arte de vivir cuando nada es perfecto

El otro día me topé con una frase maravillosa de Jane Birkin: «Mi madre tenía razón: cuando ya no te queda nada, lo único que puedes hacer es ponerte ropa interior de seda y empezar a leer a Proust».

Ella no habla realmente de la ropa de seda ni de la literatura como un refugio superficial. Habla de conservar la sensibilidad y la belleza cuando todo parece derrumbarse. Habla de seguir encontrando motivos para evolucionar. No se trata de buscar atajos, ni de perseguir una felicidad rápida, un éxito inmediato o comodidad permanente. Se trata, precisamente de lo contrario: de salir del piloto automático. Porque el crecimiento nace de los desafíos. Una vida interesante no es aquella en la que todo es perfecto. Es aquella en la que seguimos encontrando razones para avanzar, para cuestionarnos, para asumir nuevos retos. Una vida cómoda puede ofrecer tranquilidad, pero también corre el riesgo de volverse repetitiva y predecible.

Y para eso Birkin tiene otra respuesta:

«¿Quién quiere una vida fácil? Es aburrida».

La frase tiene algo de provocación y algo de verdad. Una vida demasiado fácil puede acabar siendo una vida demasiado pequeña. El crecimiento exige movimiento. Y todo movimiento implica riesgo.

Amar implica riesgo, crear implica riesgo. Cambiar implica riesgo.

¿Y qué nace de todo ello? La adrenalina. Esa energía que nos recorre cuando damos un paso hacia lo desconocido. Quien la ha sentido sabe que, en esos instantes, el corazón late de otra manera, más consciente, más presente. Y esa es, sin duda, una de las mejores sensaciones que se pueden experimentar en la vida.

Y la lección es sencilla: dejar de vivir en piloto automático.

Para mí, significa volver a elegir, a sentir, a crear. Empezar nuevos proyectos, hacer preguntas y mantener viva la curiosidad. Significa buscar constantemente aquello que me reta, me inspira y me obliga a crecer. Disfrutar del proceso de construir cosas nuevas.

Porque cada proyecto es una invitación a salir de la rutina, a enfrentarme a lo desconocido y a sentir de nuevo esa mezcla de vértigo y adrenalina que acompaña a todo lo que merece la pena.

Y cuando eso ocurre, cuando vuelvo a sentir esa energía que me empuja, sé que estoy exactamente donde quiero estar: viviendo con intención, no en piloto automático. Porque entonces el corazón late de otra manera.

Yes

salir del piloto automático y vivir con intención

 

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